Lo que hay detrás de un petardo

Hoy es el último día del año y, tal y cómo viene sucediendo en el mes de diciembre, algunas personas no podemos salir a la calle como nos gustaría. Otras, ajenas a nuestras circunstancias, no saben lo condicionante que la pirotecnia puede ser para nosotras. Pero la realidad es que el uso de “petardos” puede tener consecuencias, a veces muy graves, en humanos y no humanos. petardos

Viniendo éste artículo de una entidad protectora de animales, pensaréis que vamos a dedicarlo a explicar el daño y los peligros que suponen los “petardos” para la fauna, y lo vamos a hacer, pero no nos vamos a quedar sólo en eso. Nos gustaría que al leerlo, mucha gente tome conciencia y, a partir de ahora, cambie su forma de celebrar las fiestas para que de verdad sean felices para tod@s.

La explosión de un petardo puede alcanzar más de 100 decibelios. Si el umbral para sufrir algún daño es de 90, ya nos estamos pasando y poniendo en riesgo nuestro sistema auditivo. Pero pensemos ahora en aquellos humanos y animales cuya sensibilidad auditiva es mucho mayor. El estruendo se multiplica y su efecto en el cerebro desencadena otras reacciones fisiológicas. Es por eso que os animamos a seguir leyendo y difundir lo que les sucede a muchos seres en los que deberíamos pensar antes de comprar petardos a nuestros hijos:

  • Niñ@s y adult@s con TEA (Trastornos del espectro autista). Para ellos no hay ni noche buena, ni noche vieja. nena-asustada-llorando Hay padres y madres que esta noche se encerrarán con sus hijos/as 15 minutos antes de las doce campanadas para protegerles y tratar de calmarles y aislarles del ruido lo máximo posible.  Para una persona con una sensibilidad de este tipo, la explosión de un petardo es similar a una CATASTROFE.  Su sistema responde como si hubiera una situación de emergencia máxima y todo su organismo se descompensa con el pánico. Miedo a la muerte y bloqueo son sólo algunas de las sensaciones que experimentan. Desde aquí queremos mandar nuestro apoyo y cariño a estas familias y sobre todo nuestro deseo para que pronto estos niños y niñas puedan abrir sus regalos de Papá Noel con su familia en vez de terminar la noche en el hospital con sedación para evitar que se autolesionen.
  • Personas y animales con problemas de corazón. Desgraciadamente hace unos días leíamos la historia de Pancho, cuyo corazón no pudo sobrevivir a la “Noche buena”. Aunque es uno de mis miedos, trato de no pensar en lo terriblemente triste que es perder a un compañero de cuatro patas porque alguien se divertía tirando petardos (probablemente ajeno a las consecuencias que ésto provoca en otros).
  • Niñ@s y adult@s con PCI (Parálisis Cerebral Infantil) y algunos trastornos neuromusculares. Para ellos y ellas estos son días de crisis. El ruido de los petardos hace que sus extremidades se queden rígidas, pueden tener crisis convulsivas y necesitar acudir al hospital.
  • Muchos perros (la mayoría) tienen pánico.  Para ellos un petardo es un estruendo horroroso que indica un peligro grave e inminente. Mientras están en casa los síntomas son (entre otros): taquicardia, jadeo (su sistema vegetativo se altera ante la situación de pánico), temblores, incontinencia urinaria y ansiedad.
    gotta

    Gotta espera una familia en ANAA

    Si están en la calle, el miedo es tan fuerte que les hace huir desesperadamente. Esto hace que muchos de ellos terminen vagando perdidos lejos de sus casas o atropellados y sus familias buscándolos durante días. Si están en el jardín pueden sufrir graves daños, e incluso la muerte, al tratar de entrar en casa para refugiarse (ojo con los cierres metálicos). Nunca los dejes atados.

  • Los gatos son animales de una sensibilidad extrema. Como felinos su sistema auditivo y su propiocepción están diseñados para recoger información detallada a gran distancia.
    gulki

    Gulki espera familia en ANAA

    Así que imaginad lo que supone para ellos el estallido de los petardos. Pensad en el estrés que sienten. Algo así cómo si a nosotras nos colocaran un altavoz junto a nuestro sistema vestibular. Una verdadera tortura.

  • Personas y animales con epilepsia. Puede que un sólo petardo no desate una crisis, pero en función del tipo de epilepsia que padezca, en estos días un epiléptico puede sufrir más ataques. Sobre todo cuando el ruido interrumpe sus sueño. Para quien no esté familiarizado, durante un ataque epiléptico el cerebro sufre una “tormenta eléctrica”. Los animales suelen recuperarse antes que las personas, las cuales normalmente pasarán el resto del día en reposo y/o medicados.
  • Nuestros mayores. Para ell@s no es un “susto”. Dependiendo de cómo se encuentren, estar oyendo el ruido de petardos desde la calle, les provoca mucha ansiedad. Si están afectados de enfermedades como el Parkinson la cosa es aún más seria ya que se puede activar la espasticidad de sus piernas (rigidez involuntaria que no cede y provoca dolor) y bloquearles durante horas.
  • Los bebés. ¿Podéis imaginar estar recién llegados a este mundo, tras nueve meses en el útero materno y recibir de repente el impacto auditivo que supone un petardo? ¿el miedo y la ansiedad que pueden sufrir? ¿y el riesgo que existe para su recién estrenado sistema auditivo?

Son muchos los colectivos que demandan un cambio en las ordenanzas – de hecho en muchos municipios está prohibido el uso de pirotecnia, pero no existe una vigilancia de cumplimiento muy estricta – razones de salud no faltan. Seguiremos pidiéndolo.

Mientras luchamos por cambiar las leyes y soñamos con fiestas de las que disfrutemos TODOS/AS ¿Qué os parece si individualmente probamos a cambiar nuestras costumbres? ¿Podemos difundir y compartir esta información? Contamos contigo, con tu empatía y con tus ganas de crear un mundo mejor. familia-feliz-2017

A continuación os dejamos algunas ideas y enlaces con pautas para tratar de llevar lo mejor posible las épocas de pirotecnia:

Consejos

  •  Para familias con personas sensibles y/o animales de familia. Te recomendamos que hagas carteles breves explicando que en esa casa-bloque-barrio viven “seres” cuyas enfermedades pueden empeorar y que les ruegas que no tiren petardos. Yo probé a hacerlo un año en mi barrio de Pinto (Madrid) y me llevé una grata sorpresa, ya que, al leer el cartel que indicaba que en ese portal vivía “un epiléptico” (Kine es un perro), la gente dejó de tirarlos o, al menos, se fueron más lejos. A veces no somos conscientes de lo empática que en realidad es la gente cuando les compartimos nuestras necesidades. Prueba a explicarle a tu comunidad cuales son tus miedos y tus necesidades ¡no podemos juzgarles si no tienen la información!
  • Para los directores de residencias de tercera edad, (y otros colectivos vulnerables)  os invitamos a hacer una campaña ciudadana un par de semanas antes de las fiestas y que sean algunos/as de los residentes los que expliquen a los vecinos lo molesto  y peligroso que puede resultar para algun@s de ell@s.

¡Feliz año 2017!

Sonia Callejas

Links:

 

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