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El acoso escolar y el maltrato animal

La prevención del bullying es un buen ejemplo de cómo la protección animal se convierte en un puente para desarrollar competencias emocionales. Hay un importante paralelismo entre acoso escolar y maltrato animal. Los roles son claros y la víctima se identifica a menudo con el animal indefenso. El agresor, sin embargo, sufre un pequeño shock cuando descubre las posibles consecuencias de sus actos a través de los ejemplos que mostramos con animales. El daño se hace más consciente ya que niñ@s y jóvenes empatizan más facilmente con animales de familia. Sin imágenes duras ni relatos escabrosos, se genera un interesante debate en el aula y se expresan más emociones que si los protagonistas fueran dos humanos.  Atravesamos las fronteras de los juicios para entender por qué el acosador tiene ese comportamiento, buscamos la empatía hacía él/ella y al final del taller son los propios alumnos/as quienes desarrollan estrategias de prevención que obviamente sirven para los dos ámbitos.

Os presentamos una historia real de bullying en forma de exclusión. En esta historia la víctima del acoso puede acabar convirtiéndose en agresor ¿qué determinará el final de la historia?

El niño invisible

Suena el timbre del recreo y todos arrastran las sillas y gritan. La maestra abre la puerta y decide pasar por alto el orden de la fila, es el primer día y todos y todas necesitan un respiro. Cuando levanta la mirada ella ve que él apenas se ha movido de su sitio. Parece querer llamar la atención otra vez, ahora dice que no encuentra el bocadillo. La maestra lo resuelve con un gesto y unas galletas para poder cerrar la clase sin mirar atrás.

En el patio rápidamente se organizan los grupos. Pablo ha traído el balón firmado y será él quien elija equipo. Los amigos primero, los más rápidos y fuertes después. Ya están, dos equipos de ocho y Álvaro, que está escayolado, pita el comienzo de partido. 

Él observa en la distancia. No ha querido acercarse para no tener que escuchar lo que ya sabe. El fútbol no es lo suyo. Y cuando tienes 11 años y no juegas al fútbol, tienes papeletas para convertirte en “el niño invisible del patio“.

Hace años lo intentó; Trató de jugar en todas las posiciones. Se esforzó por ser elegido. Pero solo sirvió para convertirse en objeto de burlas de los que sí eran equipo. Probó a llevar material de otros deportes: una pelota de baloncesto, malabares, raquetas de badminton…pero apenas consiguió la atención de un par de niños que Pablo inmediatamente reclamó como imprescindibles para su equipo. Aquel día sus raquetas acabaron en la papelera como fruto de “una broma” de uno de sus “compañeros”.

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Imagen de freepik

La tristeza se vistió de rabia y empezaron las peleas y el “mal comportameinto“. Ahora ya parece imposible quitarse la etiqueta de “niño dificil”. Lo más curioso es que, en el cole, nadie le preguntó cómo se sentía.

Esquivando balonazos llega al rincón de las chicas. Durante un tiempo ellas fueron su alternativa, pero algo ha cambiado. Cuando le ven acercarse le explican que ya no pueden jugar juntos, que él debería hacer cosas “de chicos”. Incluso Lucía le trata diferente, su amiga desde la escuela infantil, se siente incómoda cuando él se sienta a ver su coreografía.

El rechazo duele. Duele cada vez más. La rabia está a punto de hacerle explotar…no importa que las cosas estén bien en casa. Él necesita ser acpetado y querido por su grupo. Y aquí no hay grupo para él.

Se aparta para que no le vean llorar. Se sienta de espaldas a tod@s y a TODO. Le cuesta encontrar algo que merezca la pena. Entre las lágrimas ve algo moverse cerca del muro. Oye ruidos y la curiosidad le gana el pulso a la desesperanza. Se acerca despacio y al asomarse encuentra dos ojos tan tristes como los suyos. Son unos ojos grandes, en una cara pequeña encuadrada por dos triángulos de orejas y unos bigotes de aristas. A esa cabeza le sigue un famélico cuerpo tricolor y un rabito que se mueve despacio en señal de alerta. Ella también está sola y necesita un amigo. Él cuidará de ella. Conoce todo lo que necesita y le sobra cariño;  Para salvar vidas no hace falta ser bueno en fútbol…

En este caso el niño siente empatía por el animal abandonado. Se identifica con ella y transforma su rabia en compasión y ayuda. La exclusión que sufre en el colegio está compensada con una familia que fomenta valores de respeto.

En otros casos, este niño podría dirigir la rabia que le provoca el rechazo de sus compañeros hacia ese animal indefenso y agredirlo. De esta agresión nacería una tendencia que tarde o temprano se extendería a otros humanos. No olvidemos que el/la niño/a que insulta o agrede es una persona que está sufriendo y necesita herramientas para poder expresar y canalizar de manera sana sus emcociones.

ANAA educa desarrolla talleres diseñados para la prevención del acoso escolar.  Si quieres conocerlos escríbenos a: educacion@anaaweb.org.

Sonia Callejas Martín